sábado, 9 de marzo de 2013

Siempre ella

Una mirada de comprensión bastó para darse cuenta de que seguía ahí, tan integra y frágil a la vez, como siempre.

En sus ojos podía ver su historia, y ahora eran brillantes. Irradiaban amabilidad y calor, y en su reflejo podía ver la amarilla luz de una bombilla que los iluminaba.

Una caricia en un hombro bastó para que se diera cuenta de que seguía ahí, tan libre y soñadora como siempre.

Un susurro bastó para llenar la sala de color.

Levantó la mirada, era extraña, diferente, especial. En sus ojos podía ver el corazón mas grande que hubiese conocido jamás.

Tocó su cara, su nariz, sus labios, sus cejas.
Y mantuvo la mirada fija.
Miles de pensamientos pasaban por su cabeza tan rápido que apenas podía escucharlos.

Otra vez. Una mirada bastó para provocar en ella una sonrisa, y otra para que brotase una lágrima.




Las nubes se deslizaban fuera en la noche.


Y allí estaba ella, de pie, frente al espejo...








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