Abrió los ojos.
Decidió asomarse a la ventana.
Nubes. Contempló el gran árbol que asomaba por el horizonte.
Y se volvió a acostar.
Esa mañana había llovido
...Hasta que decidió asomar de su escondite...
Sintió como el calor se concentraba en un dedo de su pie descalzo. Lo observó detenidamente.
Miró ahora hacia arriba. Allí estaba él. El sol.
Inspiró... y el viento rugió queriendo pasar las páginas de su libro más rápido que sus dedos.
Expiró...
Se trató de acomodar en el rugoso tronco que sostenía su espalda y paf! El libro al suelo.
Desde arriba pudo ver que probablemente habría caído sobre suelo mojado.
Inspiró...
Se tendió hacia delante sobre la gruesa rama y apoyó su cuerpo. Abrazó aquel árbol. ¿Cómo podía sentirse tan feliz?. ¿Desde cuándo quería tanto a ese árbol?. Es más, ¿desde cuándo quería a los árboles?
Expiró...
El viento despeinaba su cabello. El pelo sobre los ojos, como siempre.
Inspiró...
Miró a través de su pelo el paisaje.
Y cordialmente el paisaje le devolvió la mirada.
Abrazado a su rama veía una araña serena que caminaba a toda prisa. ¡Cuán diferentes somos los humanos!, pensaba mientras.
Expiró...
Inspiró...
La luz del sol llegaba ahora a su rodilla, y escabulléndose de las ramas rozaba parte de una de sus mejillas.
El viento decidió darle un respiro y se transformó en suave brisa...
Sus párpados se cerraron lentamente y su mente se mimetizó...
Y allí yacía, dormida, una parte de sí mismo...
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