lunes, 15 de abril de 2013

Rotonda

Como un alma deslizándose por las calles. No tiene piernas, sólo avanza. No tiene ojos, sólo percibe. No puede oír, sólo escuchar.
Pero lo siente todo.

Siente la brisa rozando su manto de humano. Como se escurre a través de sus desdibujados dedos y sube erizando su ser.
Recorriendo cada rincón de su etéreo yo.

Avanza y puede sentirse rodeado, cual presa ante una manada de lobos. Pero no le importa. Está en calma.
No lo piensa.
No piensa.
Pero lo siente todo.

Tampoco es capaz de emitir sonidos. No es capaz de pensar palabras, ni de definir caminos en cualquier lugar. Ni siquiera en su propia conciencia. No habla.
No lo concibe.
Pero lo siente todo.

Éste ser, dejaba tras de sí un rastro de rosas. Rosas que crecían y se enredaban en las farolas, en las papeleras, en los postes...
Sólo cuando llegó al campo respiró. Y con el exhalar de su aire la meseta que había a su derecha se tornó cordillera, y el acantilado de su izquierda, suave colina.
Todo el invierno quiso ser primavera y toda ésta quiso hacerse eterna.

Y de pronto, el ente se transformó en un ovillo de sentimientos que deslizándose por el valle dejó su rastro

... para perderse en un helado río primaveral...



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