jueves, 12 de septiembre de 2013

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Llega a ser quien serás.

¿Cómo no maravillarse?
¿Cómo actuar ante tales palabras?

Hacía tiempo que no se sentía así, que no le reconfortaba su presencia en el alma. Últimamente una nostalgia le invadía cada vez que pensaba en él.  De hecho, había optado por establecer distancia. El oír su nombre le perturbaba y solo el tratar de descubrirle le daba dolores de cabeza. También había llorado.
Quiso alejarse de él, distraerse, no verle, pero lo único que consiguió fue que se anclase en su pensamiento.
Advertida había estado.

Sin embargo, apenas habían pasado tiempo juntos y el poco tiempo que habían pasado había sido a trancas y barrancas. No le conocía ni la mitad de lo que quisiera.

Y hoy había vuelto a verle. Evitó cruzarse con él de una manera directa, pero le había visto. 
Le había VISTO, o eso creía, si es que se le puede llegar a ver.

Estaba fascinada, aquella otra persona le había ayudado a verle.  Y aún era tan joven... Seguía fascinándose fácilmente y era consciente de ello, pero seguía fascinada.

Tenía porte, ritmo, belleza, entereza, verdad, delicadeza, amabilidad, honestidad, rectitud, saber, todo. Lo tenía todo. Y ¿Cómo una responsabilidad de tal calibre no le iba a pasar factura? ¿Cómo el tener todo no le iba a hacer tener menos? Cuanto mas perfecto mas delicado, pensó. 

Y todo se lo justificaba en ese entonces.



Una frase bastaba para que amase cada día más. 


"A veces, los maestros deben ser despiadados. La gente debe recibir un mensaje despiadado porque la vida es despiadada, y morir es despiadado. 
Morir es despiadado. Siempre he pensado que la recompensa final de los muertos es no tener que volver a morir."





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