Esa noche aún no había llegado, pero ella podía intuirlo.
Se duchó y se vistió y siendo ella misma una vez más, decidió cambiar su pensamiento, probar, ¿Por qué no? Vida sólo hay una, pensaba.
Pensaba y se obligaba a dejar de pensar, siempre es mejor dejarse llevar por lo que uno quiere.
Pensaba y se obligaba a pensar.
Pensaba... Se le trababan los pensamientos del fuego que sentía dentro.
Y llegó. Y tras unos recuerdos vagos se encontró exactamente donde quería estar.
De repente la noche tenía estrellas, el horizonte no tenía fin, el aire era el que quería respirar, el viento el justo para dejar que volaran sus pensamientos, calma.
Y esa noche ardió...
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