lunes, 16 de abril de 2012

Ojalá

A veces pienso en lo poco que me gustaría ser árbol. Ahí de pie, sin poder escuchar la música, sin poder bailar, sin poder comer, sin poder amar. Simplemente ahí quieto.

Quieto, meciéndose en su estrecha comunicación con el viento. Quieto, respirando. Quieto, sintiendo como es cobijo y alimento de pájaros y otros animales. Mojándose con la lluvia. En conexión con lo que le rodea. Verde y grande. Floreciendo en primavera, porque pase lo que pase, florecerá. En "coma" en invierno, cuando el frío le entra por las raíces, para no sentirlo. Quieto, y asombrosamente maravilloso...




Y yo aquí, contando las muchas veces en las que habré pensado que me gustaría ser árbol...

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