Quieto, meciéndose en su estrecha comunicación con el viento. Quieto, respirando. Quieto, sintiendo como es cobijo y alimento de pájaros y otros animales. Mojándose con la lluvia. En conexión con lo que le rodea. Verde y grande. Floreciendo en primavera, porque pase lo que pase, florecerá. En "coma" en invierno, cuando el frío le entra por las raíces, para no sentirlo. Quieto, y asombrosamente maravilloso...
Y yo aquí, contando las muchas veces en las que habré pensado que me gustaría ser árbol...

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