Triste fue ver aquella prenda de ropa tirada en el seco prado
A esa hora del día, cuando el sol calcinaba todo hasta el horizonte, todo le parecía triste.
La sombra de aquel tronco en medio de un desierto de rastrojos, una lata descolorida y algunos restos de plástico. Le pareció ver que hasta el suelo desprendía humo.
Nada que ver con lo que veía meses atrás cuando le visitó.
La misma hierba, entonces verde. Amapolas, flores amarillas, blancas y violetas inundaban sus pasos. Llovía. Hasta el cielo era de colores. Gotas que se posaban rotunda y delicadamente sobre cada brizna de vida llamaron su atención.
Se agachó y se acercó para ver mejor el espectáculo. En aquella gota no sólo vio el agua, el cielo y la flor.
Un atisbo de arcoíris reflejó su mirada.
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