martes, 28 de mayo de 2013

You don't know where to draw the line


Cuando todo estuvo en calma y desde lo más profundo de su ser, por fin sus almas se miraron a la cara. Con una mutua reverencia comenzó la danza. Fue el aliento que tantas veces les empujaba a dejarse llevar el culpable una vez más.

Aunque suavemente.

Bajo la superficie sin embargo, ya se intuían tiempo atrás. Y es que, ¡ cuánto habían disfrutado sin saberlo aquellas almas solitarias de su soledad y compañía!

Con una mutua reverencia comenzó la danza. Una danza de dos, una danza de cien, de mil, ¡qué más da!.

Entre dos, entre cien. Una entre millones.

Curiosamente, sin haber dado una sola clase de baile, aquellos indivíduos se coordinaban a la perfección. De noche y de día, en invierno y en verano, frío, calor y tormenta.

Y aún luchando cada día por su vida, por la que de ellos depende y por la que ellos traerán: Nunca, jamás dejaron de bailar.




Memorias de.






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