Cerró los ojos, escuchaba la gente murmullar, aunque no distinguía ninguna palabra. Había un relativo silencio. Respiró. Trató de agudizar su oído y logró escuchar una ambulancia surcando las calles.
Abrió los ojos y se dirigió a un sitio un poco más apartado buscando algo de soledad antes de seguir caminando hacia su trabajo. Ese día se encontraba estresada, necesitaba tranquilizarse.
Encontró una avenida algo solitaria y allí, de pié en la acera en pleno invierno volvió a cerrar los ojos.
Esta vez trató de sentir el viento, rozando las puntas de sus dedos.
Y el susurro del viento le estampó un periódico "20 minutos" en la cara.
Definitivamente, ya no me encuentro en Madrid.
No me satisfacen unas cañas y un piso moderno.
Busco mi felicidad en un solo farolito que ilumine las hojas de un árbol.
Busco llenar mi vida de lo que quiero, y de quien quiero.
Ojalá pudiese hacerlo ahora y no luego, pero uno no siempre puede elegir.

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